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Salmos 39

Reina-Valera 1960 · Capítulo 39 de 150

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1Yo dije: Atenderé a mis caminos, Para no pecar con mi lengua; Guardaré mi boca con freno, En tanto que el impío esté delante de mí.

2Enmudecí con silencio, me callé aun respecto de lo bueno; Y se agravó mi dolor.

3Se enardeció mi corazón dentro de mí; En mi meditación se encendió fuego, Y así proferí con mi lengua:

4Hazme saber, Jehová, mi fin, Y cuánta sea la medida de mis días; Sepa yo cuán frágil soy.

5He aquí, diste a mis días término corto, Y mi edad es como nada delante de ti; Ciertamente es completa vanidad todo hombre que vive. Selah

6Ciertamente como una sombra es el hombre; Ciertamente en vano se afana; Amontona riquezas, y no sabe quién las recogerá.

7Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza está en ti.

8Líbrame de todas mis transgresiones; No me pongas por escarnio del insensato.

9Enmudecí, no abrí mi boca, Porque tú lo hiciste.

10Quita de sobre mí tu plaga; Estoy consumido bajo los golpes de tu mano.

11Con castigos por el pecado corriges al hombre, Y deshaces como polilla lo más estimado de él; Ciertamente vanidad es todo hombre. Selah

12Oye mi oración, oh Jehová, y escucha mi clamor. No calles ante mis lágrimas; Porque forastero soy para ti, Y advenedizo, como todos mis padres.

13Déjame, y tomaré fuerzas, Antes que vaya y perezca.

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