21-2 Dios mío, ¡yo estoy muy orgulloso de ti! ¡Todo el tiempo te bendeciré! ¡Mis labios siempre te alabarán! Ustedes, los humildes, ¡oigan esto y alégrense conmigo!
3¡Únanse a mí, y juntos alabemos la grandeza de Dios!
4Le pedí a Dios que me ayudara, y su respuesta fue positiva: ¡me libró del miedo que tenía!
5Los que a él acuden se llenan de alegría y jamás pasan vergüenzas.
6Yo, que nada valgo, llamé a Dios, y él me oyó, y me salvó de todas mis angustias.
7Dios envía a su ángel para que salve del peligro a todos los que lo honran.
10Dios bendice a los que en él confían. Ustedes, pueblo de Dios, vengan y prueben su bondad; verán que a quienes lo adoran nunca les falta nada. Los ricos[a ] pasarán hambre, pero a los que confían en Dios nunca les faltará nada bueno.
11Vengan conmigo, queridos niños; ¡préstenme atención! Voy a enseñarles a honrar a Dios.
12Si quieren gozar de la vida y vivir una vida feliz,
13dejen de hablar mal de otros y de andar diciendo mentiras;
14aléjense del mal y hagan lo bueno, y procuren vivir siempre en paz.
15Dios siempre cuida a los suyos y escucha sus oraciones,
16pero a los que hacen lo malo les vuelve la espalda y borra de este mundo su recuerdo.
17Dios escucha a los suyos y los libra de su angustia.
18Dios siempre está cerca para salvar a los que no tienen ni ánimo ni esperanza.
19Los que son de Dios podrán tener muchos problemas, pero él los ayuda a vencerlos.
20Dios cuida de ellos y no sufrirán daño alguno.
21Los malvados tendrán que sufrir las consecuencias de su maldad, pues Dios habrá de castigar a los que odian a su pueblo.
22Dios siempre salva a los suyos; los que confían en él no sufrirán ningún castigo. Salmos 34:8 Los ricos: Con un ligero cambio de letras, la palabra hebrea que otras versiones traducen como leoncitos se ha traducido aquí como ricos.