21-2 ¡Escúchenme ustedes, pueblos que habitan este mundo! Y ustedes, gente pobre y humilde; y ustedes, gente rica y poderosa, ¡préstenme atención!
3No sólo voy a hablarles como habla la gente sabia, sino que expresaré mis ideas con la mayor inteligencia.
4Voy a decirles una adivinanza, y mientras toco el arpa les diré de qué se trata.
5¿Por qué voy a tener miedo cuando lleguen los problemas? ¿Por qué voy a tener miedo cuando me ataquen mis enemigos?
6¡No tengo por qué temerles a esos ricos orgullosos que confían en sus riquezas!
7Ninguno de ellos es capaz de salvar a otros; ninguno de ellos tiene comprada la vida.
8La vida tiene un precio muy alto: ¡ningún dinero la puede comprar!
9No hay quien viva para siempre y nunca llegue a morir.
10Mueren los sabios, y mueren los necios. ¡Eso no es nada nuevo! Al fin de cuentas, sus riquezas pasan a otras manos.
11Podrán haber tenido tierras, y haberlas puesto a su nombre, pero su hogar permanente será tan sólo la tumba; ¡de allí no saldrán jamás!
12Puede alguien ser muy rico, y no vivir para siempre; al fin le espera la muerte como a cualquier animal.
13Esto es lo que les espera a quienes confían en sí mismos; en esto acaban los orgullosos.
14Su destino final es el sepulcro; la muerte los va llevando como guía el pastor a sus ovejas. En cuanto bajen a la tumba, abandonarán sus antiguos dominios. El día de mañana los justos abrirán sus tumbas y esparcirán sus huesos.
15¡Pero a mí, Dios me librará del poder de la muerte, y me llevará a vivir con él!
16Tú no te fijes en los que se hacen ricos y llenan su casa con lujos,
17pues cuando se mueran no van a llevarse nada.
18Mientras estén con vida, tal vez se sientan contentos y haya quien los felicite por tener tanto dinero;
19pero al fin de cuentas no volverán a ver la luz; morirán como murieron sus padres.
20Puede alguien ser muy rico, y jamás imaginarse que al fin le espera la muerte como a cualquier animal.